Las comunidades virtuales Pro Ana (a favor de la anorexia) y Pro Mía (a favor de la bulimia) tienen su auge en la década de los 90 con la masificación del uso de internet. Son una nueva forma de lazo social que promueve la anorexia y la bulimia como elección de un estilo de vida particular. Se consideran grupos de apoyo donde hay un objetivo común: llegar a la “perfección” de la delgadez a cualquier precio, incluso la muerte.

El empuje al goce y la fragmentación del lazo social son características de la época actual donde el cuerpo toma la forma de objeto-mercancía. La anorexia aparece entonces como una respuesta al imperativo de consumo del discurso capitalista que promueve un goce sin prohibición. Lo que antes se ocultaba y se padecía en silencio, hoy se defiende y se expone.

Se crea una comunidad de anoréxicas que hacen lazo con la anorexia. Sus integrantes, en su mayoría niñas y adolescentes encuentran allí una manera de posicionarse frente a su síntoma vinculándose no con cualquiera, sino a partir del anonimato y de la sustracción del cuerpo, con otras que “las comprendan”, con quienes se identifiquen con su malestar y donde el saber está marcado por el atravesamiento de la experiencia.

El intercambio entre ellas es sin identidad, sin nombre, no hay presencia corporal, pero sin embargo hay algo del orden de la palabra escrita que les otorga un lugar. Se autodenominan “princesas”, muñecas de porcelana o también mariposas. Ana y Mia son ubicadas como Diosas cuyos caminos hay que seguir.

Mecomoami es una de estas comunidades que comenzó como un fotolog y luego blog de una adolescente argentina que a modo de testimonio escribía sobre su anorexia, y desencadenó una identificación masiva recibiendo más de 3000 visitas en un mes en 2006. En su blog podían leerse frases como: “Ana… de enfermedad pasó a ser un estilo de vida, y de allí mutó en mi Diosa, mi aspiración final… entonces para mí, Ana es mi diosa.”

Estos sitios dejan al descubierto un goce en juego, el goce del hambre. Lo que les importa es su preocupación por el cuerpo, el alimento y la imagen. Este rasgo es lo que une a sus miembros. Esto lleva a crear una sensación de pertenencia, de grupo, y de diferenciación con quienes no son Ana y Mía. Se trata de pertenecer a un grupo que les de un lugar.

Como plantea E. Laurent, “…ellas desean simplemente una comunidad de derechos de afirmación de la diferencia. Cada una quiere definirse a partir de un goce propio y protegerlo como tal” (2).

Pero ¿podemos hablar de una forma de goce compartida?

El sujeto busca relacionarse con un otro que tenga un rasgo en común que unifica haciendo comunidad; en este caso en relación a su malestar con el cuerpo y la imagen. Pareciera que hay una tendencia al agrupamiento por el goce más allá de lo privado, como forma de mantener y defender una unicidad. Son lugares donde compartir la forma de goce de manera globalizada, cada uno transmitiendo su saber en relación a cómo gozar más y mejor, y de esta manera haciendo conjunto.

Las comunidades pro Ana se agrupan como una masa anónima en torno al objeto a plus de goce que va más allá de las identificaciones al líder, sin siquiera que aparezca una figura de líder como tal.

Como plantea E. Laurent, “nuevo régimen de lazo social, a partir del fantasma y del goce, y ya no a partir de la identificación” (3).

Sin embargo, si planteamos que el goce es lo más singular del sujeto, su parte más autista, esto es algo que se contradice con la noción de “hacer comunidad”. Pareciera que la idea de una comunidad Pro Ana o Pro Mía como comunidad de goce, es una respuesta ilusoria a las dificultades de los lazos sociales tradicionales, intentando una homogeneidad inalcanzable. El goce no puede ser reciproco.

No hay posibilidad de comunidad a partir del goce, se trata más bien de la ilusión de un objeto de goce compartido, de agrupar singularidades, todas diferentes, que aspiran a un común allí donde no hay común posible. Cada uno con su propio goce, en su singularidad.

Mariana Valenzuela.

 

(*) Este trabajo es un recorte del producto del cartel express ¿Comunidades de goce? para las XVI Jornadas de la ELP.

  1. Laurent, E. Un nuevo amor por el padre. Freudiana 53.
  2. Laurent, E. El goce y el cuerpo social. Lacan Quotidien, nº 594.
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