La segregación es un efecto estructural del lazo colectivo. El dime con quién andas y te diré quién eres conduce, si del colectivo lacaniano hablamos, a la cuestión del goce y a la ética que soporta su clínica. Ocurre que si el discurso del amo se filtra en todo colectivo, no todo colectivo combate dicha filtración de la misma manera. Nuestra manera, he aquí la cuestión ¿podemos ignorarla? ¿cómo autorizarse si no? La Escuela del pase por privilegiar la clínica que enseña cómo asociarse sin velar el real en juego es nuestra orientación. Este saber es determinante en la tarea de pensar y construir el quinto concepto pues sin pase no hay Escuela y sin Escuela no hay pase, entonces ¿qué comunidad es la que se hace al pase y qué es el pase en nuestra Comunidad de Escuela?

Esta pregunta nos conduce a la paradoja misma de la Escuela que J.A. Miller desarrolla en su Teoría de Turín acerca del sujeto de la Escuela. Resumiendo: el fuego cruzado de las palabras que alimentan el “nosotros o ellos” acepta un trabajo del síntoma que permite agujerear las pasiones que allí se alimentan y da paso consecuentemente a un fuego lento capaz de abrazar la propia soledad subjetiva. La cuestión entonces reside en saber si el analizante logrará o no atravesar el umbral propuesto a la experiencia cuando esta es conclusiva. J.A.Miller plantea que ser un inmigrante es el estatuto mismo del sujeto en psicoanálisis. Somos refugiados analizantes hasta que no demostremos lo contrario. Este refugio no es para siempre aunque el trabajo analizante no se agote en un final de análisis, digamos que hay un trabajo analizante dentro y fuera de este refugio. Se requiere de ambos para hacer existir la Escuela.

Empezamos por querer alojar nuestra intimidad en el diván que nos acoge, pero en esta disposición asoma una extraña éxtimidad sobre la que girará la experiencia al descubrir que, lo más intimo es a la vez lo más extranjero y que esta topología obliga a declinar dentro y fuera en una experiencia formativa sorprendente. Lo que creímos intimo se revela éxtimo y el trabajo lector empieza y tropieza. La placa sensible para hacer pasar esta lectura se organiza en torno al dispositivo del pase. ¿Qué hace que este perdure? sin duda cómo fundó la soledad de Lacan la Escuela que quería para la reconquista del Campo freudiano contribuyó y lo sigue haciendo en esta Escuela viva, sin dejar de advertir por ello que esta conquista no está nunca asegurada. Estamos en deuda permanente con esto, saldar esta deuda se paga con la función del deseo del analista que apunta a la diferencia absoluta, esto es, a contrariar la identificación del analizante con el analista.

Sin este pasaje seríamos una comunidad como tantas otras aparejada en envoltorios de éxtimidad, pero esta no es nuestra manera, a la nuestra le compete desnudarlos y en el hiato de la identidad encontramos el secreto. La convocatoria Yo soy …Todos somos… nos conduce a yo soy donde no pienso y pienso donde no soy… y es justamente esto lo difícil de apresar.

La nuestra es una apuesta desmasificante que posibilita amarrar la soledad radical de cada uno a un punto de amarre que con Lacan llamamos Escuela. En este singular alojamiento deseamos y trabajamos para que el pase ocupe un espacio central. No es sin razones este anhelo, si a este colectivo de disparejos se le puede identificar por algo, es precisamente por saber que no terminan de responder a la pregunta ¿qué es un psicoanalista? a cambio preguntándoselo, caminan. Este es su movimiento.

Maite Esteban, Miembro de la ELP, Comunidad de Andalucía.

 

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