Lacan nos dice que el Sujeto empieza a constituirse en el lugar del Otro, en tanto es el lugar donde surge el primer significante. Algo se ve comprometido, tanto para el Sujeto, como para el Otro primordial que introduce a cualquier recién nacido en el lenguaje; cuando un bebé nace con Síndrome de Down. Este significante, de alguna manera lo identifica ya desde el momento de su nacimiento, o incluso antes; tanto para el Otro Primordial, como para el Otro Social.

Hasta hace unos años muchas personas con Síndrome de Down crecían sin hablar de este significante, por lo que ese significante que los hacía diferentes también tenía un valor de tabú, el tabú de lo no nombrado. Podían saber de una diferencia, pero, al no nombrarla dejaba un vacío, desde el que el sujeto quedaba más en el lugar de objeto.

Los discursos educativo y social, en general, han basado las intervenciones en la estimulación de capacidades; qué parecía ser suficiente para conseguir un ideal inclusivo, en el que el “como todos” y “para todos igual” es el objetivo marcado como un derecho. Las personas con Síndrome de Down van a necesitar desde que nacen determinadas ayudas y estimulación, pero normativizar lleva a menudo a borrar la palabra de cada sujeto, y a que el Otro continúe teniendo un lugar fundamental.

En La descomposición de la personalidad psíquica dice Freud que una masa psicológica que tiene un conductor, es una reunión de individuos que han introducido en su superyó la misma persona. Así se constata en las entidades que nacen a partir de la necesidad de ofrecer apoyos; pero en las que es imprescindible como profesionales estar advertido, para no encarnar a ese “superyó conductor”.

Si el Otro ya sabe lo que la persona necesita para llegar a la meta a la que “hay que llegar” y dispone de programas que “funcionan”, para la persona con Síndrome de Down el Otro aparece completo, es una garantía de saber; lo que continúa colocándolo en la posición de objeto, negándole la posibilidad de hacerse Sujeto responsable de su propia vida.

La introducción del significante IDENTIDAD aparece en la institución en la que trabajo como un decir nuevo. A pesar de estar enfocada con un objetivo pedagógico; ha abierto las puertas a otro discurso. Es un significante amo con el que he podido, desde mi posición como psicóloga, dar forma a un espacio en el que la escucha y la asociación libre tienen un lugar; incluyendo así algo del uno por uno.

Para Lacan, es precisamente la falta de identidad del sujeto lo que se pone en juego para entender por qué se debe de identificar. Cuando alguien dice “Yo soy Síndrome de Down”, se está identificando ¿con qué…? ¿Hay en esta frase algún rasgo de IDENTIDAD?

Si en el transcurso de un análisis las identificaciones caen, mi experiencia con personas con Síndrome de Down me muestra que hay un primer momento en la escucha que pasa por poder elaborar precisamente este vacío, encontrar una respuesta a esta pregunta o poner en juego las respuestas que cada sujeto se ha ido dando a lo largo de su historia, para poder así dejar que emerja el Sujeto que hay más allá de este significante.

A pesar de la falta de identidad del sujeto, es justamente este término, IDENTIDAD, el que ha permitido que no sea tan solo la NORMALIZACIÓN lo que circule como ideal en el trabajo diario con este colectivo, colectivo que precisamente por pertenecer a él los identifica y los nombra bajo el significante Síndrome de Down pero no les da su IDENTIDAD como seres hablantes.

Lucía Fernández Álvarez.

 

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