La forma neoliberal de ejercicio del poder no es tanto la represión, como la “normalización”. Transformar sus fines en algo normal, de sentido común. Para ello es preciso la fabricación de subjetividades que- vía identificación – vivan como propio lo que el Otro del mercado necesita para su funcionamiento. Una forma privilegiada de esas subjetividades es lo que Foucault llamó “el empresario de sí mismo”.

Pero toda forma de poder está acompañada de resistencia al mismo. Para evitar reprimir en lo posible, el neoliberalismo ha creado también las resistencias que se le oponen, subjetividades que podrían agruparse bajo el nombre de “antisistema”, con el acento en el “anti” (porque hay de los otros)

El empresario de sí mismo, antiguo obsesivo, al que el DSM rebautizó como TOC -principal obrero de la fábrica neoliberal-, y la vieja histeria- hoy nombrada “personalidad histriónica” o “trastorno con componentes disociativos” (también utilizado para algunas formas de psicosis)- que resisten al amo posmoderno, conforman la pareja tipo de la contemporaneidad. El primero trabaja incansablemente para auto-realizarse auto-ayudándose y ser útil a la sociedad. Compite constante y “sanamente”, y se comporta de forma “asertiva” tanto frente a los demás como a la pantalla de su Mac o su iphone. Mira las noticias de RTVE y lee El Mundo o El País. Vota por sentido cívico, aunque se desinteresa de la política porque “para eso están los políticos”. Persigue el imposible de la perfección, y cuando el fantasma de la “excelencia” trastabilla, se siente culpable, suele hacer los síntomas TOC y si el terapeuta cognitivo conductual no le da “la solución”, acude al psicoanalista.

El segundo está contra el sistema, éste y cualquier otro. Vive en una constante ambivalencia de odio-amor hacia la humanidad, ésa amable que padece hambre y miserias, excluida de sus derechos, pero al mismo tiempo la odia por su aborregamiento. Se apunta a muchas manifestaciones en contra de…lo que fuere. A veces mira la Sexta o escucha un rato la cadena SER. Desprecia a todos los políticos- tanto de izquierda como de derecha- por ser responsables de lo mal que va el mundo. Se queja- como antes- de falta de cariño, atención, cuidados , injusticias, abusos de poder- tanto por parte de su partener, como de sus hijos, vecinos, amigos y el gobierno. Su inconformismo “anormal”, sirve para poner en valor la asertividad de su partenaire. Cuando la insatisfacción se hace insoportable, suele acudir a un analista.

Tendrán suerte si analista-además de su saber referencial sobre histeria y obsesión y su capacidad de sorpresa aprendida en su propio análisis- ha unido a su horizonte la subjetividad de la época.

La entrada en análisis no es fácil ni frecuente, ya que el deseo está casi soldado a la demanda, en una opacidad resistente tanto al silencio como a la palabra del analista. Es como si el neoliberalismo hubiera logrado su cometido, modelando con sus dispositivos identificatorios la argamasa de múltiples determinaciones neuróticas, para producir subjetividades a su medida. Si es verdad que “no hay crimen perfecto” el deseo del analista podrá ser el mejor antídoto contra el asesinato del alma. Y para que se cumpla el presagio lacaniano de que “eso se consuma, se consuma hasta consumirse”, no es suficiente pero sí necesaria, una apuesta siempre renovada por el discurso analítico. Y aún así, sin garantías.

Juan Carlos Tazedjián.

 

Bibliografía:

  • Alemán, J: Soledad: Común. Políticas en Lacan. Capital Intelectual. Buenos Aires.
  • Foucault, M: Nacimiento de la biopolítica. Buenos Aires, FCE, 2007.
  • Lacan, J: “Función y Campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis” en Escritos I. Siglo XXI.
  • Lacan, J: “Hablo a las paredes”. Paidós.
  • Laval, Christian y Dardot Pierre: La nueva Razón del Mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal. Gedisa. Barcelona, 2010.
  • Miller J-A: El Otro que no existe y sus comités de ética, Paidós, Buenos Aires.

 

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