La obra de la artista norteamericana Cindy Sherman recorre, en una trayectoria de 40 años, el pasaje que va del uso artístico de la mascarada a lo que, con Eric Laurent,  denominamos “manipulación de la imagen sinthoma”.

La serie que la hizo célebre, “Untitled film stills” (1977-1981), está conformada por (auto)retratos en los que produce fotogramas con una estética inspirada en el cine negro. En otra serie, titulada “History portraits”, encarna personajes de la historia de la pintura Occidental. En otra, llamada “Centerfolds”, escenifica los clisés femeninos de la televisión y las revistas de consumo masculino. En las tres series, el uso de un imaginario cultural específico enmarca las fotos en una dimensión ficcional bien delimitada. Y aunque siempre es ella quien protagoniza los retratos, el buen uso de la mascarada le confiere la ductilidad necesaria para ser otra cada vez (1).

Diferente es el tratamiento de la imagen que Sherman hace en una serie que se dilata sin título que la delimite, y que va de lo caricaturesco a lo francamente grotesco, pasando por lo bizarro, lo estrafalario, lo kitsch, etc. En estas fotos, por más que deforme sus rasgos como si fueran de goma, o los cubra de densos maquillajes, vestida de una y mil maneras, siempre se trata de ella. Testimonio vivo de una imagen que sostiene, mediante su manipulación re-iterada y sinthomática, la adoración de un cuerpo de parlêtre.

Enviado por Ana Cecilia González (EOL).

 

  1. Pueden verse varias de sus imágenes en la colección del MOMA.

 

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