CITAS DE JACQUES-ALAIN MILLER

«(…) la hipótesis estructuralista (…) produce por sí misma una falta en ser generalizada (…) por otra parte, esta falta en ser no es simplemente lo que hace desvanecerse a la presencia, es una ley: no es la identidad, es la desidentidad; cada elemento tiene su identidad fuera de sí y por eso mismo esto permite introducir una problemática de la identificación. Es necesario darse cuenta que el término identificación no puede funcionar más que en una dimensión donde los seres no tienen su identidad o donde esta identidad está fracturada, clivada y ya deportada fuera de sí misma S(Ⱥ), es decir, significante de una falta en el Otro, que constituye entonces una corrección de la hipótesis estructuralista al mismo tiempo (…) el lenguaje y la palabra es decir, no solamente la organización sincrónica de los significantes, sino también su sucesión diacrónica en una estructura de remisión.(…) ese significante es efectivamente apto para representar, en cierto sentido, lo que del sujeto escapa precisamente a la identidad que conquista con sus identificaciones significantes, y se torna apto para (…) connotar lo que del sujeto es impensable.»

J.-A. Miller, Matemas II, «Struc dure», (1988).

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«¿Puede decirse que la imagen reina es el elemento del registro imaginario, así como el “significante amo” es el elemento del registro simbólico? (…) Creo que hay al menos una diferencia entre significante amo e imagen reina: las imágenes reinas no representan al sujeto, pero se coordinan con su goce.»

J.-A. Miller, «La imagen reina», (1998).

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«La identificación es como un traje mal cortado, pues de un lado está la imagen y del otro el significante. Lacan pensó que podría resolver el problema que formulamos imaginando que aquello que capta la libido es una imagen significantizada, lo que llamó en alguna oportunidad un significante imaginario, eso que atrae y fija al sujeto en función del goce que le permite. Es lo que denominó identificación fálica.»

J.-A. Miller, El hueso de un análisis, (1998).

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«Hablar de las identificaciones, en plural, no solo se justifica por el hecho de que sean múltiples, diversas y formen una miscelánea, tal como se lee en Freud con referencias al yo. Las identificaciones que el sujeto designa como yo no son necesariamente sistemáticas, coherentes y armoniosas. La regla es, más bien, que no lo sean. Los comienzos de un análisis muestran, ponen en evidencia, la discordancia de las identificaciones. Todo esto justifica pues el plural.»

J.-A. Miller, Los signos del goce, (1998).

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« (…) En todo soy hay alienación, en esos términos Lacan evoca el I. Lo menciona por la alienación del sujeto en la identificación (…). Hay aquí una alienación del sujeto que se capta menos en lo unario que en lo binario (…). En lo unario propiamente dicho no hay alienación significante; para hablar de ella no basta con que el significante venga del Otro. Solo hay alienación, hablando con propiedad, en el tiempo II, cuando hay S1-S2. Esa es la estructura del quisiera ser un puerro para estar en la ristra de cebollas. Quisiera ser un puerro es el anhelo de S1; para estar en la ristra de cebollas es la fulguración donde se ve que ese S1 solo sirve para representar al sujeto para otros significantes (…) en todo soy hay una remisión al Otro. La captura del sujeto por lo unario siempre deja un resto, que es a, ese resto inefable… Ya verán la importancia que tiene no reabsorberlo en lo unario».

J.-A. Miller, Los signos del goce, (1998).

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«El sujeto se hace valer como a, y la positivación proviene del uso que hace de su propia falta como sujeto del significante al alojarse en la falta del Otro. No se trata pues de representación sino de identidad en tanto a. De aquí que tengamos que articular y, al mismo tiempo, distinguir la identificación por representación, que fija al sujeto respecto de S1, de esta identificación con el objeto, que nos confronta con una identidad del sujeto y −digámoslo− con su ser.»

J.-A. Miller, Los signos del goce, (1998).

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« (…) existe ese tiempo de un análisis, después de la elaboración, en que se desnuda el gozar de inconsciente, que sin duda está allí desde siempre. Se trata de saber qué hacemos al llegar a este punto y cuáles son las vías que se abren. Lacan indicó una: la identificación con el síntoma.»

J.-A. Miller, Los signos del goce, (1998).

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«El nombre común de la identificación es la máscara, esa que, en tanto corresponde al sujeto barrado, es siempre fundamentalmente máscara de nada.»

J.-A. Miller, De la naturaleza de los semblantes, (2002).

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«Cuando la verdad domina al goce, conduce lógicamente a que la subjetividad de la época se articule con la satisfacción, que es la de cada uno. El goce queda como pulverizado en esta universalización.»

J.-A. Miller, De la naturaleza de los semblantes, (2002).

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«Es la lección que tienen en común el discurso del amo y el del inconsciente: al hombre se lo gobierna por identificación. Evidentemente se plantea entonces la cuestión de saber qué ocurre si al fin llegamos en el discurso analítico a producir S1, a sacar al sujeto de su absorción por el S1, a separarlo. Esto dio a los analistas la idea de que al final de un análisis nos encontrábamos con un sujeto no identificado (…) al final del análisis no se encuentra para nada con un sujeto no identificado, hagamos aquí la diferencia con desidentificado (…) quiere decir que el sujeto pasó por la identificación y luego se ha separado de ella»

J.-A. Miller, Los usos del lapso, (2004).

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«En la sesión analítica tomamos al sujeto como tal, distinto de sus identificaciones, y, por ese mismo hecho se puede decir que el inconsciente emigra de su estatuto de repetición a su estatuto de interpretación.»

J.-A. Miller, Los usos del lapso, (2004).

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«Es la lección que tienen en común el discurso del amo y el del inconsciente: al hombre se lo gobierna por identificación. Evidentemente se plantea entonces la cuestión de saber qué ocurre si al fin llegamos en el discurso analítico a producir S1, a sacar al sujeto de su absorción por el S1, a separarlo. Esto dio a los analistas la idea de que al final de un análisis nos encontrábamos con un sujeto no identificado (…) al final del análisis no se encuentra para nada con un sujeto no identificado, hagamos aquí la diferencia con desidentificado (…) quiere decir que el sujeto pasó por la identificación y luego se ha separado de ella.»

J.-A. Miller, Los usos del lapso, (2004).

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«Tomemos la identificación (…) la identificación como tal establece precisamente un lazo social, es en sí misma lazo social. Por eso para construir su teoría de la identificación Freud se deslizó sin esfuerzo del análisis subjetivo a la psicología de las masas y viceversa.»

J.-A. Miller, Éric Laurent, El Otro que no existe sus comités de ética, (2005).

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«Nos preguntamos entonces que pasa con la identificación si el Otro no existe. Lacan había tomado (…) la identificación como referencia en la clínica (…) la identificación como tal (…) evidencia la relación con el Otro»

J.-A. Miller, Éric Laurent, El Otro que no existe sus comités de ética, (2005).

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«La identificación es ciertamente pensable como una metáfora (…) según la inscribe explícitamente Lacan en el discurso del amo, que propondrá más tarde (…) la identificación se refiere al Otro, depende del Otro, es de alguna manera una deducción significante del Otro. Y ya veremos en qué sentido puede afirmarse que existe este Otro consistente cuya tarea es sostener la identificación.»

J.-A. Miller, Éric Laurent, El Otro que no existe sus comités de ética, (2005).

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«$ expresaría la relatividad, la disolución de las identidades, como traduce además el término mismo identificación, que significa que una en cierto sentido es siempre semblante. La identificación es una identidad de semblante.»

J.-A. Miller, Éric Laurent, El Otro que no existe sus comités de ética, (2005).

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«(…) la promoción del plus de goce que señala Lacan cobra sentido a partir del eclipse del ideal, desde donde se suele explicar la crisis contemporánea de la identificación.»

J.-A. Miller, Éric Laurent, El Otro que no existe sus comités de ética, (2005).

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«Las identificaciones son siempre relaciones con el Otro y están determinadas, como dice Lacan, por el deseo como deseo del Otro.»

J.-A. Miller, Introducción a la clínica lacaniana, (2006).

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«Identificarse con el síntoma no es lo mismo que identificarse con un significante, es más bien del orden de: “soy como gozo”.»

J.-A. Miller, El partenaire-síntoma, (2008).

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«Los procesos de segregación son justamente lo que se discute, bajo el sentido común, del racismo. En el fondo, esto implica que el discurso de la ciencia no es en abstracto, sino que tiene efectos sobre cada uno, tiene efectos significantes sobre todos los grupos sociales porque, según Lacan, introduce la universalización.»

J.-A. Miller, Extimidad, (2010).

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«Lacan en el Estadio del espejo, ya le daba virtudes simbólicas a la imagen (…) Esta primacía del Otro deja su huella en lo más profundo de la identidad del sujeto. La constituye. Lacan se esfuerza en la unilateralidad del Otro todo en lo que constituye al sujeto. Así es como su Otro parece a menudo, admitámoslo, particularmente inflado. Este Otro es un verdadero vertedero, una leonera. Cuanto más crece, y cuanto más simpático es, más habla de sí. Lacan logra la extraordinaria hazaña de hacer de una categoría de Freud, la identificación, la base de la identidad del sujeto.»

J.-A. Miller El ultimísimo Lacan, (2014).

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«Ahí están entonces los tres modos de la alteridad con la cual identificarse. P, S1, Histerización, $, Rasgo Unario, Sq. Pues bien, en el reverso de la enseñanza de Lacan, las cosas ya no funcionan de esta manera. El Otro es destituido y el sujeto es pensado a partir de lo real, de lo simbólico y de lo imaginario en tanto son tres consistencias. Me equivoco, de hecho, al decir sujeto. Ya no es, en efecto, el sujeto del significante, ni tampoco el sujeto de la identificación, sino el ser humano, que Lacan califica de parlêtre. Es lo que queda de la primacía del lenguaje, que Lacan había instalado previamente en el psicoanálisis.»

J.-A., Miller, El ultimísimo Lacan, (2014).

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«En el lugar del Otro, hay un principio de identidad, hay un principio de identidad totalmente distinto, el cuerpo. No el cuerpo del Otro sino, como suele decirse el cuerpo propio.

Cuerpo

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Otro

Ya que hay que dar algunos nombres para no perderse en esta historia que estamos tratando de contar acerca de estos trozos de real, diría sobre este cuerpo propio, que es el Un-cuerpo.»

J.-A. Miller, El ultimísimo Lacan, (2014).

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«Lacan subraya cuidadosamente que la definición de lo que uno es en tanto ego no tiene nada que ver con la definición del sujeto que pasa por el representación significante. El ego se establece a partir de la relación con Un-cuerpo. No hay ahí identificación, hay pertenencia, propiedad. No se divide según la modalidad del trozo del rasgo unario, por así decirlo, no apunta al punto de falta del otro sujeto. Sin embargo, tiene que ver con el amor, pero no con el amor al padre sino el amor propio, en el sentido del amor del Un-cuerpo.»

J.-A. Miller, El ultimísimo Lacan, (2014).

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«Lacan empieza el seminario L’ínsu que sait con consideraciones acerca de la identificación (…) Llamé ese capítulo “Ensayo de una topología de la identificación”, porque Lacan propone ordenar los tres tipos de identificación –distinguidas por Freud en su Psicología de las masas y análisis del yo– en los tres modos diferentes de darse vuelta del toro. Lacan se interesa en la identificación en tanto “se cristaliza en una identidad. Se interesa, en la medida en que la identidad solo sería el producto de una identificación. (…) apunta precisamente a lo que hay antes de la identificación. Apunta, si puedo decirlo así, a unidades preidentitarias. De tal modo que se puede decir que la identidad es una elucubración a partir de lo no identitario.»

J.-A. Miller, El ultimísimo Lacan, (2014).

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«Las formulas de la sexuación son formulas de la identificación primordial; si hay dos identificaciones sexuales primordiales, es en la medida en que no hay relación sexual.»

J.-A. Miller, Todo el mundo es loco, (2015).

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«Cuando Lacan escribe el discurso del amo, entiende que es el Otro con mayúscula quien le da su valor representativo. La dominación quiere decir, ante todo, que es el Otro quien hace la evaluación significante del sujeto, la evaluación que hace de él una persona. Actualmente podemos ver, cada día, cómo esto se cuestiona. Los sujetos no validan la evaluación representativa del Otro sino que elaboran minuciosamente sus propios significantes-amo. Los construyen, se los adjudican.»

J.-A. Miller, «Psicoanálisis y sociedad», Freudiana nº 43-44.

 

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