“¡Quiero ser yo!” es el título que da una revista de moda a la promoción de su colección Kids. Se trata de un pequeño reportaje a un grupo de niños a los que se propone que elijan su ropa y digan que querrán ser. Los niños se sitúan en sus elecciones bajo el régimen del Otro contemporáneo y dicen: bailarín swagger, activista, políglota, etc., aunque insistan: “¡Dadle libertad (…) todos son únicos y diferentes”.

La astucia del marketing empuja hacia ese “singular, único, original, irrepetible…”

¿Diferentes en el prêt-à-porter que se ofrece?

Para el psicoanálisis la diferencia aparece desde el inicio, ya sean índices del fracaso de las identificaciones normativas o resulten de fijaciones fantasmáticas, los síntomas portan la marca de una insondable elección del sujeto y de allí su originalidad.

A Maher lo traen a petición del colegio, tiene 5 años. Dicen que “vive en un mundo de monstruos”, lleno de terrores, no sabe jugar, “se pega a los demás y pega”. En nuestro primer encuentro el niño dibuja tres círculos comenzando por el del medio, al que llama “psicóloga”, los otros dos son escuela y casa. Agrega un monigote humano, es su compañero Xavi. Cuando escribo su nombre, el niño mira con avidez exclamando “¡ah!”, y garabatea enseguida hasta conseguir hacer las letras AMHR. Ya instalado el nuevo círculo, podía comenzar a ordenar las letras…

En la siguiente entrevista anuncia mientras se dibuja: “Maher es yo, Xavi es otro, cuando sea grande seré indio y fumaré pipa”. Aparecen así estos esbozos de diferenciación nominativos, lo que él es, lo que será, extraídos del magma familiar, de ese hervidero de cosas dichas, “dónde somos hablados y de eso hacemos una trama (…)”. Palabras que transmiten un deseo, pero más aún “lalengua en la familia” (1).

Si damos un salto temporal, los testimonios de final de análisis ilustran bien el trabajo realizado a partir de lalangue. Ser el soplo que le faltaba al padre (2) -dice Mauricio Tarrab, tramó su existencia, su modo de ser, en el que se conjugaba satisfacción y sufrimiento. Restaba querer tratar de otro modo esa “huella incurable y singular” (3) que había aprehendido en su largo recorrido analítico.

Patricia Lombardi.

 

  1. Miller, J.A.; “Lacan con Joyce”, en Uno por Uno nº 45, 1997.
  2. Tarrab, M.; “La identificación no es el destino”, en Patologías de la identificación en los lazos familiares y sociales. EOL-GRAMA, 2007, p. 54.
  3. Ídem, p. 60.

 

Comparte / imprime este artículoShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterEmail this to someonePrint this page