Extracto de la Apertura de las Jornadas de L’Envers de París “Los nuevos rostros de la segregación”

Para abrir esta Jornada, me he inspirado en una afirmación fuerte de Jacques-Alain Miller pronunciada en Madrid hace algunas semanas, que llega en el momento preciso, ya que expresa en gran medida el meollo de lo que nos convoca aquí hoy : “Pensar que el psicoanálisis es exclusivamente una experiencia del uno por uno, una experiencia íntima que escapa al caos, al malestar que prevalece fuera, es un error” (1). En los últimos tiempos han pasado cosas suficientemente alarmantes en nuestro mundo y en nuestro país, para que nos sintamos obligados en tanto que psicoanalistas, a salir de los observatorios de nuestras Escuelas –consideradas hasta entonces como refugios contra el malestar de la civilización- para interrogar de nuevo nuestra forma de posicionarnos frente al caos del mundo.

Nosotros habíamos decidido preparar esta jornadas en los meses que siguieron a los atentados de noviembre de 2015 en París, asumiendo que éstos marcaban un antes y un después. Luego hubo otros acontecimientos más recientes, no sin relación con los primeros, fundamentalmente en política, que provocaron en ciertos analistas un deseo de mojarse y de implicarse de una forma nueva. Es el efecto de despertar provocado por la inminencia de un real : el del impulso tomado por la extrema derecha, de la comprensión de su banalización, y de su lugar cada vez más potente y sin complejos en nuestro país. Hay sin duda razones para aquello que, en pos de frenar la posibilidad de que un partido racista y del odio gobierne, hizo que los psicoanalistas se levantaran, firmemente para decir: “no”. Es una cuestión candente y delicada a la vez, la que de la buena manera se implica en el follón del mundo a partir del discurso analítico, protegiendo esos lugares frágiles que son las Escuelas de psicoanálisis.

Lacan ha anudado fuertemente esas dos dimensiones, la del sujeto y la del Otro que lo rodea, por un lazo que él llama extimidad, de tal forma que el Otro en mí, ignorado por mi mismo, es un nombre del inconsciente. Desde Freud y su inquietante extranjeridad, sabemos que ese Otro nos es extranjero y familiar a la vez. Ese que se presenta a nosotros como el dato más familiar, más próximo, nos aparece, de repente, luego de una vacilación subjetiva, como irreconocible y espantoso. Asimismo, nos vemos sorprendidos cuando descubrimos en nosotros esas cosas que creíamos las más lejanas. El abordaje psicoanalítico del odio procede de la misma topología, porque desvela también el lazo íntimo con esa alteridad con uno mismo ignorada, y más exactamente con el rechazo de eso- nosotros detestamos en el otro los puntos de goce que nos pertenecen y permanecen oscuros en nosotros, las zonas de nosotros mismos que nos producen horror. Es por eso que el horizonte psicoanalítico del tratamiento del odio comienza por una invitación a un reconocimiento de su propia opacidad, de esa zona en la que Freud podía decir, a propósito de sus sueños habitados por escenarios malvados, que nosotros somos en tanto autores del guión, responsables.

Lacan ha forjado una fórmula clara para decir cuánto esa conexión del sujeto y del otro procede, no de una aplicación cualquiera del psicoanálisis a lo social, sino que se encuentra en el corazón mismo de eso que llama “la labor del psicoanalista” aquella que tiene por condición esa larga “ascesis subjetiva” que es un análisis, labor que él define en estos términos: “Mejor que renuncie quien no pueda reunir a su horizonte la subjetividad de su época. Pues ¿cómo podría hacer de su ser el eje de tantas vidas aquel que no supiese nada de la dialéctica que lo lanza con esas vidas en un movimiento simbólico? Que conozca bien la espiral a la que su época lo arrastra en la obra continuada de babel, y que sepa su función de intérprete en la discordia de los lenguajes” (2).

Es una brújula preciosa esa que nos propone intentar orientarnos en el caos del mundo, no a partir de una distinción entre normal y patológico, sino tomando en cuenta lo ineluctable del malentendido y de nuestros esfuerzos infinitos de conversación para arreglárnoslas con ello.

El psicoanalista orientado por la enseñanza de Lacan no está encerrado en la burbuja de su consulta, llevando adelante una práctica regulada como una caja de música, basada en el reloj de la duración inmutable de las sesiones. El analista orientado por Lacan abre las ventanas y empuja las puertas para tomar medida de la incidencia posible del filo de su discurso en el desorden del mundo. Y su lectura será tanto más lúcida si él mismo está advertido de esta ventana íntima que se llama fantasma, que tiene por función colocar entre nosotros y lo real toda una serie de pantallas y escudos, que toman la forma de un no querer saber nada, para tenernos bien alejados del despertar.

Cualquiera sea el terreno en el que ejerzamos, tenemos que lidiar hoy con una nueva clínica de la pulsión de muerte, en un estado particularmente agudo, porque sabemos cuánto la báscula hacia el extremismo violento se hace por el encuentro con las imágenes y un discurso en el que el sujeto es capturado por la efectuación de un acto de barbarie, que es en si mismo, una pura ejecución que no conoce la duda. Cualquiera sea el nombre al que se hace la ofrenda, Dios, Alá, Paraíso, lo que sabemos es que el cuerpo del sujeto es aspirado, literalmente, por un nuevo absoluto, un astro negro que brilla más que todo. Eric Laurent (3) luego del debate en Bruselas hace dos años, con Fethi Benslama, llamaba nuestra atención hacia el hecho de que estamos ante una clínica de la caída del Ideal más que una de un nuevo goce. El Uno compacto, implacable y fuera de la dialéctica, del Dios del Estado islámico no es un rasgo del ideal que abre a un horizonte deseante al sujeto. Probablemente Eric Laurent hará sonar vivamente esta dimensión del cuerpo, en la era de las bandas de hermanos y sus manifestaciones que Jacques-Alain Miller nos había invitado a considerar hace dos años y medio atrás como una “nueva alianza de la pulsión y la identificación” (4).

Camilo Ramírez.

 

  1. Miller, J-A. «Conférence de Madrid», Lacan Quotidient N° 700, mai 2017.
  2. Lacan, J., «Función de la palabra y campo del lenguaje».
  3. Laurent, E., «Jouissance et radicalisation», Lacan Quotidient 528, juillet 2015.
  4. Miller, JAM, En dirección a la adolescencia.

 

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