“Nosotros somos todos anti-fascistas”, eslogan gritado por algunos tras las elecciones francesas, “Nosotros somos todos policias” eslogan lanzado por Don Ciotti contra la mafia, “Nosotros somos todos Charlie”, eslogan gritado en el momento de la terrible masacre contre la revista.

¿Qué subyace bajo este “nosotros” solidario?

En primer lugar, se distingue, bajo este nosotros de solidaridad, una identidad de fraternidad, que afirma la igualdad de intención contra cualquier cosa que ha herido mortalmente al cuerpo social, o que ha activado la disidencia política.

Para el psicoanálisis, este nosotros señala la adhesión a algo que hace causa para todos, una suerte de psicología de masa en la que la causa no está encarnada en un bigote, en un jefe, sino en un objeto que une de modo transversal a los individuos que luchan por la misma causa.

Hay otro tipo de nosotros somos que opera en el plano social; utiliza falsos semblantes para construir una fachada de solidaridad: “ponerse en el lugar de”. Podríamos definir así la experiencia, por otra parte interesante y totalmente original, a su manera, de una exposicion interactiva organizada en una prision italiana. El visitante es invitado a “despojarse de sus zapatos”, de su rol, y a tratar de reproducir artificialmente las sensaciones que se experimentan en prisión. (“L’altra città”, Taranto, de 6/5 à 15/06/2017). Nosotros somos todos prisioneros, pero bajo el modo de “llevar los zapatos de prisionero”.

La crisis de identidad, que no ha hecho más que aumentar desde los años ochenta hasta nuestros días, ha visto, primeramente, subir al cenit de la psicopatología en los Estados Unidos, para después disminuir, al fenómeno de la identidad múltiple. No lo suficiente, por lo demás, como para no interesar a quien está haciendo una película sobre el caso de Billy Milligan, personalidad múltiple multiple a razón de 24 veces. (ver el libro de Daniel Keyes, Una stanza piena di gente, 2009).

“Nosotros somos todos”, en este síndrome particular, nos interroga respecto de una suerte de fracaso del somos. Billy ha efectuado numerosos pasajes al acto violentos cuando una u otra de sus personalidades prevalecía, una por todas. Logró, sin embargo, cierto equilibrio cuando encontró una función de coordinador, el Profesor. Una coordinación a medida, aparentemente, una casi fusion. A partir de ahí, él podía hablar de su caso permitiendo a Keynes el escribir su biografía. Es el Profesor quien habla a Keyes.

Utilización terapeútica que atempera y regula el “Yo soy” de cada uno permitiendo, así, la compatibilidad con los otros. Lo que ha sido posible por un cierto período.

¿Un forma teatral del malestar en la civilización que ilustra clinicamente la soledad del hombre contemporaneo? ¿El malestar de un “nosotros” simbólico que retorna bajo la forma de un real desmultiplicado?

Paola Francesconi (SLP), Traducción Julio González.

 

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