Esta pregunta me habilita el desarrollo de una lectura posible sobre una nueva orientación sexual con la que algunos jóvenes se identifican hoy: “Soy pansexual” ¿Se trata de una nueva identidad, o de un nuevo semblante? (1).

En el Seminario 21 (2) Lacan recurre a la metáfora del laberinto para decir que el lenguaje está surcado de canículas, de cosas que hacen discordia, de trucos que conducen a lugares en los que uno se pierde de modo tal que no se llega nunca al fin. “Pero lo importante no es esto sino demostrar por qué nunca se llega al fin”, es decir, todo lo que hacemos para “acechar ese Real que se determina por el hecho de que de ninguna manera puede escribirse en él la relación sexual”. La elección de sexo es parte de este laberinto.

Sabemos que no hay relación sexual que pueda escribirse. Es así que en el laberinto del lenguaje, la comedia de los sexos y la trágica contingencia del amor testimonian, verifican este real lacaniano.

Esta metáfora nos permite también situar el entrecruzamiento entre dos laberintos en torno a la cuestión de la sexuación y de los estudios de género: uno es el laberinto subjetivo del ser sexuado, el del uno por uno. El otro es el laberinto que forman en nuestra época los discursos sobre género y orientaciones sexuales.

En este sentido nos encontramos con un movimiento con cada vez más adeptos: el pansexualismo, que define a aquellos que se enamoran “de la persona”, más allá del género que sea. El enamorarse de “la persona” deja bastante de lado la cuestión del goce fálico. El semblante es fálico, dice Lacan: entonces, algo de esto me hace ruido…Porque los que se autodenominan “pansexuales” enfatizan lo “asexuado” de su elección, no buscan el encuentro sexual en sí; es más, a veces hasta se rechaza.

Este ruido solo lo puedo convertir en melodía si lo pienso con las herramientas que nos da el psicoanálisis: la perspectiva del Edipo y la sexuación.

Del falo como objeto imaginario, al significante fálico y al falo como semblante; de la caída del Nombre del Padre y de semblantes mal ubicados. Este camino me lleva a diferenciar el concepto de semblante de estas nuevas identidades de género para proponer que en tanto seres sexuados, acechados por la inexistencia de la relación sexual escrita, todos somos pansexuales.

Pero no es lo mismo hablar de semblantes que propician el encuentro con lo real del sexo como Otro, que ampararse bajo estas identidades de género, que tienen como función, muchas veces, evitarlo.

Betina Ganim. Psicoanalista en Palma de Mallorca. Socia de la Sede Barcelona de la ELP-Catalunya.

 

  1. De la intervención en el marco de la sesión extraordinaria del Taller de estudios culturales, de género y psicoanálisis. Barcelona, 17/6/2017.
  2. Lacan, J. El Seminario, Libro 21, Les non dupes errent, inédito, clase de 12/2/74.

 

Comparte / imprime este artículoShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterEmail this to someonePrint this page