LA MÁQUINA DE ETIQUETAR

Por Andrés Borderías.

No parece que a corto plazo se vaya a sustituir en el DNI la opción Masculino – Femenino por la serie de 50 modalidades de identidad sexual que Facebook ofrece -a demanda de sus usuarios. El Estado seguirá recurriendo a la oposición binaria M-F para fijar la identidad sexual, de modo que “Dos-espíritus” así como el resto de etiquetas que compone la oferta de Facebook tendrán aún que permanecer en el mundo de los semblantes digitales.

Este ejemplo muestra las paradojas de la identidad en nuestra época. El Otro contemporáneo se muestra en el campo de la identidad sexual, como en otros ámbitos, fragmentado en un enjambre de significantes amos, un zumbido inconsistente, oscilante y contradictorio. Lacan denomina “máquina” a la estructura efectiva del significante, la que pone en escena al sujeto. Esta máquina, tras la transformación del Otro, ha cambiado de régimen hacia una lógica del no-todo. Es un proceso en el que ningún elemento está dotado de un atributo que le sea asegurado por principio y para siempre. No se tiene la seguridad del atributo, sino que estos son adquiridos y precarios.

¿Cuáles son las consecuencias de la transformación del Otro sobre las identificaciones? se preguntaba Jacques Alain Miller en las primeras páginas de su curso El Otro que no existe y sus comités de ética. La consistencia del Ideal del yo clásico, significante de la identificación con el Otro, dio paso en su momento al S1 y su multiplicación, en forma de enjambre zumbante, expresión de Lacan en el seminario Aún.

El efecto de esta mutación lo encontramos en la serie de identificaciones débiles, donde existe un sentimiento de fragmentación discursiva, pues no se rige por el significante del Nombre del Padre que colectiviza, sino por el significante amo pluralizado como el significante en nombre del cual yo hablo.

El sujeto de hoy puede reconocerse como milleniall, mileurista, hipster, metrosexual, otaku, vegano, animalista, etc.… en una serie dispar, metonímica, variable, contradictoria. Y a la vez, o súbitamente, padecer una radical transformación al caer bajo un S1 neofundamentalista, como la joven detenida en la frontera siria, radicalizada en un momento fulgurante. Para el psicoanálisis se trata de discriminar si estas formas de identificación responden a la estructura histérica, o a una nueva alianza entre la identificación y la pulsión, especialmente de la pulsión agresiva. Como señala Jacques Alain Miller en En dirección a la adolescencia, en ese caso ya no se trata de un nuevo semblante, sino de identidades vinculadas a un real del goce que remite a un real intratable.

Por otro lado, la transformación del Ideal del yo en un enjambre de S1, ha hecho proliferar las identificaciones imaginarias, que en un sujeto no forman nunca un conjunto coherente, sino más bien un caos a merced de los encuentros y las fluctuaciones de la libido, de los que el sujeto toma eventualmente un rasgo, o aspecto. Zelig y Lol V. Stein atraviesan la pantalla del cine y ya son un síntoma más en la cultura, con su eco patológico en la “enfermedad de la mentalidad” referida por Jacques Lacan. La proliferación de identificaciones en ocasiones debe ir acompañada de inscripciones en el cuerpo de letras, tatuajes y piercings, marcas y escrituras que le permiten a algunos sujetos construir un cuerpo practicable.

De modo que la identidad en la perspectiva del régimen del no-todo nos remite a un registro más próximo al cuerpo. Considerar la identidad a partir del ego, la idea que el sujeto tiene de sí en tanto cuerpo, es la orientación introducida por Lacan en el final de su enseñanza.

Todo este conjunto multiforme oscila entre el nominalismo del goce y un realismo de clases. En la vertiente nominalista, vemos el esfuerzo del sujeto por construir una identidad, un semblante, una individualidad que capte algo de su goce y que por otro lado le permita ubicarse como uno más en la lista, pero un uno más diferenciado, identidad y diferencia conjugadas.

En la vertiente realista, asistimos al retorno neofundamentalista de algunas categorías con aspiración de universalidad, y la pervivencia maltrecha de otras. Los significantes amo y los semblantes son objeto de estudios y cuidados por la Universidad, los mercados, las iglesias, los partidos, los medios de comunicación, los estudios de publicidad y marketing. La identidad es entonces un objeto de los discursos más diversos en este campo multiforme del Otro de nuestra época.

Junto a esta mutación del discurso del amo, en el que el I(A) dio paso a S1 y a continuación a la pluralidad de S1, Lacan formuló un nuevo discurso, el discurso capitalista, en el que el sujeto dividido ocupa el lugar que antes ocupaba el S1. Este sujeto es el que busca una identidad, y se enfrenta a una demanda asumida por cada uno, de invención y valorización de su estilo de vida individual. Se encuentran entonces en el mercado los esfuerzos del sujeto por dotarse de una identidad, con los managers del mundo de los semblantes.

En el cruce entre la demanda angustiada del sujeto por obtener una identidad y el trabajo infernal de la máquina de etiquetar se situa un campo que interrogaremos en nuestras próximas jornadas.

 

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