SER HABLANTE Y MULTITUD

Por Paloma Blanco.

Los que hablamos no tenemos otro ser que el decir, por eso J.A. Miller afirma que “Lo real del inconsciente es el cuerpo hablante” (1). No es el cuerpo el que habla sino aquello que siempre lo hace desde Otro lugar. El ser hablante es el inconsciente real.

La lengua clausura para siempre la posibilidad del ser pleno. El problema existencial es la fractura que tenemos con nosotros mismos y que nos impide estar identificados a un significante que nos represente enteramente. Cada cual en la intimidad de su goce desconocido sabe que no es Uno sino Otro para sí mismo, y que se siente irremisiblemente perdido si no dispone de un significante que lo identifique aunque esa identidad sea siempre fallida.

En el pensamiento freudiano no hay oposición entre lo cultural y lo clínico. Psicología de las masas y análisis del yo muestra que en la vida psíquica individual aparece integrado el otro, por lo que la psicología individual es, a la vez y desde el principio, psicología social. Freud escribe el mencionado texto, en gran medida, para oponerse a las teorías de Gustave Le Bon en su obra sobre la Psicología de las multitudes, donde el “alma colectiva” y el “carisma del líder” eran pilares fundamentales. Para Freud, en la ontogénesis y en la filogénesis es la libido individual lo que ha revelado ser el principal factor de civilización, y quizá el único, determinando la cesión narcisista en pro del lazo social.

En el pensamiento político contemporáneo, el concepto de “multitud” es la solución que Hardt y Negri (2) presentan como posible tratamiento y freno de los efectos devastadores que sobre lo social tiene el desarrollo extremo del capitalismo. Consideran que la toma de conciencia de la multitud sobre los intentos de producción biopolítica, por parte del Estado, conduce a una oposición cooperativa y creativa al sistema capitalista global que posibilitaría que la multitud acceda a gobernarse a sí misma. La organización propuesta para esta “multitud” es una organización en red no tradicional que sustituye el par identidad/diferencia por el de comunalidad/singularidad. Según los autores no es preciso un líder para guiar esa acción sino que son los intereses comunes los que toman a su cargo esta tarea. ¿Qué son los intereses comunes? La derrota del sistema injusto, la caída del capitalismo global. Es fácil preguntarse, y no hemos encontrado respuesta en los autores, qué lleva a hacerles pensar que esa es la preocupación principal de las singularidades que conforman la multitud, y a ignorar la más que previsible colisión entre los intereses singulares y comunes.

El sintagma “Soledad: Común”, que Jorge Alemán (3) acuña abre otra vía para pensar la pregunta en relación a “lo común”, ese otro momento que dialectiza y transforma el Universal, algo que nos concierne a todos y que ninguna identificación logra subsumir. Tal vez nos invita a considerar un “nuevo inicio” que permita el pasaje, la travesía de la excepcionalidad del goce a partir del fantasma y sus objetos, hacia la asunción de la causa del deseo y su diferencia absoluta.

El psicoanálisis lacaniano como experiencia de lo real singular tiene siempre aplicaciones en todos los escenarios que conciernen a la subjetividad y difumina, tal como hemos expuesto, la frontera entre lo individual y lo social. Lo incurable de la fractura subjetiva, producto del encuentro lengua-cuerpo, es el punto de Arquímedes para hacer de la experiencia de la singularidad el invento subjetivo con el que sostenerse frente a lo real y la imposibilidad. El discurso capitalista, en su producción de subjetividades, trata de expropiarle al sujeto esta posibilidad. La figura del Santo, del Saint-homme, que transciende su acepción convencional, es propuesta por Lacan en Televisión como lo que podría interrumpir la circularidad del discurso capitalista. El analista sinthome encarna desecho y causa. La causa del deseo concierne a la erótica pulsional, no a los objetos y excede, como resto inasimilable, a obras y bienes. El psicoanálisis entiende la singularidad como una cicatriz, una marca que hace de la tachadura la mejor expresión ontológica, pero que también muestra que no todo es susceptible de convertirse en mercancía, pues hay cosas que no tiene precio como lo real, el deseo, el sinthome o la lengua, entre otras.

 

  1. J.-A. Miller (2014) “El inconsciente y el cuerpo hablante”, Scilicet. El cuerpo hablante. Sobre el inconsciente en el siglo XXI. Conferencia de clausura de la Asociación Mundial del psicoanálisis (AMP) el 17 de abril de 2014 en París. Buenos Aires. Grama, 2015, p. 21.
  2. Hardt, M. y Negri, A. Multitud, Barcelona, Debate, 2004.
  3. Alemán, J. Soledad: Común. Políticas en Lacan. Buenos Aires, Clave Intelectual, 2012.

 

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